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Artículo publicado en la revista Educación Especial
Año II Nº 6
Editorial Ediba
 
 
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A través del uso, palabras inicialmente neutras suelen adquirir significados positivos o negativos por su asociación con sucesos o personas, provocando ciertas reacciones emocionales. Estos significados se trasladan luego al lenguaje cotidiano.
 
Las palabras que utilizan los medios de comunicación influencian y refuerzan las percepciones del público acerca de las personas con discapacidad. Los términos e imágenes que los acompañan pueden promover actitudes favorables, de indiferencia o desfavorables.
 
Disponer de un repertorio adecuado de palabras y frases ayuda a elegir un lenguaje que no sea lesivo ni desvalorice a la persona con discapacidad. Debemos lograr acuerdos sobre los términos a elegir con el objeto de hacer que todos los respeten. Las asociaciones para y de las personas con discapacidad pueden jugar un rol importante en este sentido.
 
Si prestamos atención a las palabras que forman parte del lenguaje cotidiano, advertimos que algunas personas:
  • Anteponen el artículo enfatizando la discapacidad y descuidando la condición de persona: "los sordos, los ciegos, los autistas...".
  • Resaltan las dificultades, las limitaciones o la condición diferente como cuando se habla de: "incapaces, impedidos, anormales, inválidos, insanos, deficientes, dementes...".
  • Aluden a la discapacidad de un modo impropio como cuando hablan de "lisiados, tullidos, deformes".
  • Confunden condición con enfermedad cuando se dice "el que sufre de..., la víctima de..., el que padece de...".
  • Inducen a lástima o conmiseración en expresiones como "el pobrecito, el desgraciado, el enfermito...".
  • Utilizan un término en forma graciosa o agresiva como el caso de las palabras: "mongólico o mongo, lelo, tontito, tarado, retrasado, opa, loco, bizco, tuerto...".
  • Omiten la debida consideración a la edad como cuando se alude a jóvenes y adultos como "los chicos, los niños", o en el trato directo se utiliza el "nene", términos que no se usarían si se tratase de personas no discapacitadas en parecidas situaciones.

Las personas con discapacidad deben ser nombradas y tratadas mediante palabras y expresiones que las presenten de un modo apropiado, sensible y respetuoso.
 
Algunas sugerencias son:
  • Describir a la persona, no a la discapacidad, aludir a las dificultades sólo cuando sea necesario.
  • Anteponer la expresión "persona con..." cuando haya que referirse a la discapacidad.
  • Utilizar el nombre de pila para aludir a la persona o dirigirse a ella.
Expresiones como "personas con necesidades especiales", "niños con discapacidades de desarrollo" o "personas con dificultades de aprendizaje", reflejan los intentos para utilizar un lenguaje que traduzca las ideas actuales sobre la naturaleza de las discapacidades.
 
 

Cuidemos el lenguaje y enseñemos a cuidarlo. Esta es también una tarea de integración - inclusión.

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