| Discapacidad y deporte |
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Artículo publicado en la revista Educación EspecialEdición Nº 1Editorial Ediba Las palabras que empleamos y reflejan nuestras actitudes. El uso de términos como "minusválido", "discapacitado" o "impedido" es particularmente revelador. Son etiquetas que estereotipan y categorizan a un grupo de personas muy diversas que no tienen nada intrínseco en común. La palabra "impedimento" (en inglés "handicap") era empleada inicialmente para indicar desventaja en el deporte y es, en efecto, un concepto abierto a cambios e interpretaciones. ¿Qué significa ser minusválido psíquico o deficiente mental? El término "minusválido" se da a toda restricción de aptitudes físicas o mentales debido a una alteración o funcionamiento perturbado del pensamiento o de un órgano de competición o acción. Para la práctica de deportes debe ser considerada como discaparitada "toda persona que presenta una deficiencia o una malformación de carácter definitivo o de larga duración, que afecte a sus facultades físicas, mentales o fisiológicas, y que impidan la práctica de actividades deportivas en condiciones ordinarias". En este contexto: ¿qué puede brindarle el deporte a una persona discapacitada? El deporte puede promover el respeto por la propia persona, el sentido de la propia dignidad, la apropiación -o mejor- la reapropiación de la realidad psicofísica personal, que en modo realista produciría un mayor conocimiento de sí, de las propias posibilidades y límites. El deporte permitiría una mejor canalización pulsional, presentaría un importante papel en el desarrollo del niño, ya que el juego es indispensable para el desarrollo de la inteligencia; permitiría aprender a superar con mayor facilidad las dificultades de relación con su entorno, esto es, padres, hermanos, amigos. El deporte mejoraría el equilibrio psicológico de la persona con discapacidad y le ayudaría a relacionarse con el mundo exterior, estimulando procesos mentales, esenciales para su integración social. Por otro lado, restablecería la fuerza muscular, aumentando la capacidad de coordinación neuromuscular, otorgándole confianza en sí mismo y la ilusión de mejorar sus marcas. En síntesis: el deporte bien practicado conseguiría desarrollar la autodisciplina, el autorrespeto, el espíritu competitivo y la camaradería; daría a la persona con una deficiencia mental ganas de superarse, perfeccionamiento físico y aumentaría su autoconfianza. En niños de siete años en adelante existiría una cierta tendencia al egocentrismo; su modicidad desbordante convertiría esta etapa en una fase de descubrimiento de las relaciones entre las cosas y su cuerpo. Por tanto, es muy difícil para ellos la iniciación deportiva en el ámbito grupal, teniendo en cuenta el egocentrismo que los caracteriza. Sería pertinente la incorporación del niño en deportes individuales, sobre todo aquellos que le permitan conectarse consigo mismo: carreras, saltos, lanzamiento de pelota, etc. Alrededor de los doce años, la personalidad del niño tomará una nueva dimensión y la motricidad se equilibrará mediante el surgimiento del pensamiento lógico y el descubrimiento de que puede realizar cosas útiles. En esta edad la necesidad y el deseo por los deportes de equipo son la regla. Comienza a sentir la presencia del amigo y aprende a respetarlo y a relacionarse con él. El educador debe aprovechar esta ocasión para realizar juegos deportivos de equipo con el niño e ir abandonando, poco a poco, los individuales. A los quince años la personalidad estará definida, y el joven presentará las reacciones típicas de la adolescencia con los conflictos internos propios de esta etapa. La motricidad presenta aquí su momento cumbre, solicitando una enseñanza seria, deportiva y profesional. Es la auténtica edad del deporte. La actividad deportiva jugará un papel importante en la educación y readaptación de la persona con discapacidad. En este sentido, nunca será ni deberá ser un fin o una meta, pero sí un medio, un método destinado a desarrollar, restaurar o mantener las funciones restringidas o lesionadas, una técnica terapéutica funcional destinada a favorecer la integración social. En efecto, si bien es importante realizar una readaptación médica y profesional, no menos importante es desarrollar la capacidad física óptima que permita a estas personas llevar a cabo una vida normal.
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Las palabras que empleamos y reflejan nuestras actitudes. El uso de términos como "minusválido", "discapacitado" o "impedido" es particularmente revelador. Son etiquetas que estereotipan y categorizan a un grupo de personas muy diversas que no tienen nada intrínseco en común. La palabra "impedimento" (en inglés "handicap") era empleada inicialmente para indicar desventaja en el deporte y es, en efecto, un concepto abierto a cambios e interpretaciones. 


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