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Tenemos 101 invitados conectado| Epilepsia: un mal que puede curarse |
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Artículo escrito por: Dr. Pedro Barreda, médico pediatra chileno. Ejerció docencia en las Universidades Católica, de Chile y de Concepción. Ha publicado múltiples trabajos en revistas científicas. Es miembro de FUDOC (Fundación de Docencia del Niño). Panelista estable Televisión Nacional de Chile, Buenos días a todos. Miembro de IFH "International Scientific Forum on Home Hygiene" Organismo Internacional, con Sede en Ginebra.
La epilepsia es un conjunto de síntomas neurológicos de origen cerebral. Estos pueden aparecer en forma de espasmos musculares, rítmicos, con pérdida de la conciencia, o con algún otro comportamiento anormal por irritación del sistema nervioso central: el cerebro. En algunos casos el origen de los ataques es de fácil localización, y a esta epilepsia se la denomina orgánica o sintomática; por el contrario cuando su origen no se descubre, se la denomina idiopática. Aparece en cualquier momento de la vida pero es más frecuente en la infancia y en la niñez. Ante episodios convulsivos que se repiten, debemos pensar en epilepsia y será el neurólogo infantil quien, junto con el electro-encefalografista y el pediatra, certificarán el diagnóstico y decidirán la medicación más adecuada.
Diferentes tipos No todas las epilepsias son iguales. Si la convulsión compromete a todo el cuerpo se la llama "epilepsia generalizada", pero si ésta se manifiesta en una parte o en un sector corporal, un brazo, la cara, un párpado, etc., se la llama "epilepsia parcial". Epilepsias generalizadas Se reconocen cuatro tipos:
Hay otras dos variedades mucho menos frecuentes: las epilepsias "mioclónicas" y las epilepsias severas de la infancia o enfermedades de West y de Lennox.
En su expresión clínica son semejantes a las anteriores pero en las epilepsias parciales sólo aparece afectado un sector corporal. Puede haber contractura o rigidez muscular, en las llamadas tónicas, o con movimientos en forma de sacudidas en las llamadas crónicas. Otras veces hay solamente compromiso de uno de los sentidos. Por ejemplo el olfato: el enfermo percibe olores feos cuando no los hay; la vista: pueden verse estrellitas o visión borrosa; la audición: se escuchan zumbidos o ruidos (acufenos). Como estos síntomas pertenecen a otras enfermedades, no siempre que estén presentes significa que hay epilepsia. Se deberá consultar con el especialista ante la sospecha de convulsión. Muchas son las causas que pueden desencadenar las crisis: la falta de sueño, la excitación, una emoción muy fuerte, el ejercicio violento o aquel que requiera un aumento en la frecuencia respiratoria (hiperventilación) y, por supuesto, en los casos en los que no se ha cumplido con el tratamiento prescripto por el médico.
Vida normal En la gran mayoría de los casos esta enfermedad no es grave y, además, no todas las convulsiones son síntomas de una epilepsia. También pueden deberse a un tumor cerebral, a un traumatismo de cráneo, a una infección intrauterina o a un grado de fiebre muy alto. Cuando se trata adecuadamente es benigna ya que los síntomas desaparecen totalmente. Las epilepsias parciales se curan después de la infancia y las generalizadas lo hacen después de la segunda década de vida. El niño que sufre de epilepsia podrá hacer una vida totalmente normal. Pero es conveniente que respete algunos consejos elementales y saludables también para cualquier niño: dormir lo suficiente, evitar fatigas excesivas y no practicar deportes solitarios, sobre todo si son de riesgo. De esta forma se evitarán accidentes si lo sorprende una crisis. El niño epiléptico no necesita una educación especial. El no presentar trastornos en el aprendizaje lo habilita para estar en una escuela común. Tanto en casa como en el colegio ha de ser tratado como cualquier otro niño. Los padres deben evitar la sobreprotección y no hacer diferencias con los hermanos. En los períodos de crisis no hay que asustarse por muy alarmantes que éstas sean. Salvo que el niño se golpee seriamente al caer o se muerda la lengua (cosa poco habitual), el ataque epiléptico no es peligroso para el que lo sufre. No se debe sujetar al paciente muy fuerte ni tampoco hablarle para que se calme porque, al estar inconsciente, no puede escuchar. Lo mejor es dejar que la crisis pase. No hay que atormentar al niño con preguntas ni consejos, ni adoptar ninguna medida extraordinaria, ya que una vez superada el paciente vuelve a estar completamente normal. La experiencia demuestra que con una medicación adecuada, y seguida según las indicaciones del médico, las crisis dejan de presentarse.
No son niños enfermos Todavía hay padres que ocultan el trastorno de su hijo para evitar que pueda sufrir alguna discriminación en el colegio. Para la mayoría de la gente, epilepsia y crisis epiléptica tiene el mismo significado, cuando no debería ser así. Los síntomas de la epilepsia son las crisis epilépticas y, por lo tanto, mientras el niño no sufre una crisis, está completamente sano y puede hacer la misma vida que el resto de los chicos. Además, lo habitual es que el afectado no sufra ningún otro problema neurológico y que su inteligencia sea perfectamente normal. Existen muy buenos medicamentos para controlar y prevenir los ataques.
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A pesar del desconocimiento popular y de los prejuicios que hay en torno a ella, no suele ser un problema muy serio.