| El placer de descubrir el misterio de las cosas |
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Artículo publicado en la revista Ser Padres Edición Nº 415 - Junio del 2009
¡Alarma, alarma, la niña ha cogido el mando de la tele, el del aire acondicionado o el del equipo de música! Esto significa que puede pasar cualquier cosa, porque sus ágiles deditos van a toquetear todos y cada uno de los botones, alterando la colocación de los canales, desprogramando el encendido del aire o subiendo el volumen de la música a tope. No se trata de que quiera sacarnos de quicio, simplemente está investigando para aprender y, en este importantísimo proceso, puede haber daños colaterales... Pero tranquilos, pronto dejará el mando, a fin de cuentas, a primera vista, por mucho que toca los bolones no pasa nada interesante...Pero la calma dura poco. La pequeña encontrará enseguida otro objeto que analizar y se volcará en él tocándolo, chupándolo, mordiéndolo, basta que descubra para qué sirve, si al tirarlo al suelo se desarma, si hace ruiditos divertidos, si sabe a algo... Para los pequeños es una etapa apasionante, llena de descubrimientos y... de algún que otro susto. Para los padres también es maravillosa: su bebé se ha convertido en un ser independiente y autónomo que corre de un lado a otro y parlotea incansablemente (aunque aún no sepamos bien lo que dice). Pero es también un tiempo complicado, que pone a prueba la paciencia de papá y mamá y se convierte -¿porqué no?- en un periodo de aprendizaje también para ellos. Su difícil tarea es la de ayudar a su hijo para que investigue, descubra y aprenda a conocer cómo funciona el mundo y los objetos que le rodean. Pero tienen que hacerlo sin coartar su independencia, poniéndole límites (son imprescindibles), vigilando a una distancia prudencial para que no se haga daño o recogiendo mil veces ese juguete (suerte que es irrompible) que el niño tira al suelo, una y otra vez para ver qué pasa. A partir del año y hasta que cumplan los tres, los niños aprenden sin parar, pero para lograr su cometido necesitan: repetir cada acción muchas veces, que les dejemos hacer cosas nuevas (aunque no queden perfectas), que hagamos un esfuerzo por entenderles, cuando nos explican en su lengua lo que quieren y. sobre todo, saber que siempre estamos ahí, cerquita pero no encima, para ayudarles y apoyarles cuando lo necesiten.
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¡Alarma, alarma, la niña ha cogido el mando de la tele, el del aire acondicionado o el del equipo de música! Esto significa que puede pasar cualquier cosa, porque sus ágiles deditos van a toquetear todos y cada uno de los botones, alterando la colocación de los canales, desprogramando el encendido del aire o subiendo el volumen de la música a tope. No se trata de que quiera sacarnos de quicio, simplemente está investigando para aprender y, en este importantísimo proceso, puede haber daños colaterales... Pero tranquilos, pronto dejará el mando, a fin de cuentas, a primera vista, por mucho que toca los bolones no pasa nada interesante...

