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Tenemos 164 invitados conectado| La eterna excusa |
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Artículo escrito por: Cecilia PalmieriLicenciada en Psicopedagogía Es tan común, escuchar la frase: “No le da la cabeza”, que cae como una condena en forma de etiqueta indeleble sobre la frente de las personas.Esta frase sale de la boca de docentes, jefes, entrenadores y hasta selectores de personal. La persona queda como excluida, sin recibir ayuda de ningún tipo, ya que lo sentenciaron a que no puede avanzar ni superarse, porque su cabeza no tiene potencial para “nada”. Creo que todos deberíamos tener cuidado, al lanzar este tipo de frases, porque hay individuos que de tanto escucharla se la terminan creyendo y todo su rendimiento se ve empeorado; quedándose anclados en pensamientos como: “si piensan que yo no puedo, para qué me voy a esforzar”, o “si los demás lo dicen debe ser así”. No hay personas que “no les da la cabeza”, hay personas que les cuesta más que a otras y necesitan más de nuestra ayuda, y también puede ser por causa del contexto, o de la tarea que le es encargada o del estilo de enseñanza con el cuál se encuentran, que no es el indicado para ellos. No todos nos sentimos cómodos en todo tipo de tareas, ni todos aprendemos de la misma manera. Entonces, un docente, que piensa que un chico no rinde por culpa exclusiva de su cabeza, debería probar si cambiando su manera de explicar y enseñar, encuentra un estilo que sea más apropiado para él, lo mismo en el caso de un entrenador deportivo; y los jefes o selectores de personal, deberían plantearse si la tarea o puesto asignado, era el que realmente coincidía con las habilidades, conocimientos y actitudes del candidato, o si podría evaluarse la posibilidad de reubicar a la persona en donde pueda rendir de una manera más favorable, tanto para beneficio propio como de la empresa. Porque quedarse solo en el señalamiento con el dedo, sería como mantenerse oculto bajo una excusa, que nos habilita para dar por finalizado toda nuestra labor con ese individuo.
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Es tan común, escuchar la frase: “No le da la cabeza”, que cae como una condena en forma de etiqueta indeleble sobre la frente de las personas.