| Entrevista a María Fernanda Heredia |
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Artículo publicado el 1 de Noviembre del 2009 en el Suplemento Mi Hogar Diario El Comercio Lima - Perú
¿A qué crees que se debe el éxito de tus libros? Una vez un homeópata me dijo: "Probablemente a tus libros les va tan bien con los niños porque no los tratas como a niños". Es que a veces se les trata como bobos, ¿no? Yo no hago eso. No te gustan las moralejas... No soy maestra ni psicóloga, por lo tanto no me siento comprometida a enseñar nada, mi compromiso es con la literatura, quiero dejar algo bien escrito que ojalá sacuda el alma. ¿Por qué tus personajes siempre son los tímidos, esos pobrecitos que al lector le provoca apapachar? Es verdad, mis personajes nunca son los ganadores, los guapos y exitosos ni están llenos de amigos o de dinero; ni tienen muchas novias, porque yo no soy así y creo que los tímidos somos más, y la pasamos peor. Los que a veces nos miramos al espejo y encontramos todas las inseguridades en el tamaño de la nariz o en los dientes torcidos, esos somos más. De niña yo no tenía amigos, me paseaba sola por el colegio. Entonces, mis personajes no son perdedores, pero sí bastante más normales que las princesitas. ¿Normales o marginados? De hecho me gustan los temas que denotan alguna forma de marginación. Las familias sobre las que escribo no siempre son felices. De esa manera no excluyo a nadie, yo fui excluida por años, mis compañeras se reían de mí, yo quería ser invisible, pero era grandota, extremadamente fea, la voz que me salía cuando al fin decidía hablar era horrible... No puede ser, tú no eres así... Créeme, fueron unos años horribles. Todo me asustaba y era incapaz de exigir respeto. Había muchas formas de violencia hacia mí en el colegio, pero no decía nada, me escondía debajo de la mesa. ¿Qué te hizo cambiar? Creo que el cambio fue en secundaria, cuando mezclaron a la gente de los dos salones paralelos. Muchas personas salieron del colegio, otras llegaron. Me tocó sentarme junto a una muchacha que acababa de llegar al colegio, y con ella descubrí mi capacidad de hacer reír. En mi casa todos somos absolutamente bestias, decimos barbaridades y nos partimos de la risa, de ahí venía ese humor. Entonces me agarré de eso casi como una bandera que me permitía abrir espacios. Poco a poco descubrí que tenía otras cosas que me permitían establecer lazos conla gente. Así comienzo a soltarme, a quitar prejuicios sobre mí, luego sobre el resto, y le pierdo miedo a la gente, a equivocarme, a hacer el ridículo. ¿Te gustan los niños? Me parecen alucinantes, me deslumbran. Me molesta mucho cuando la literatura infantil los agrede al tratarlos como bobos, porque ellos son profundamente sensibles, directos, a veces inmisericordes en sus apreciaciones. ¿Recuerdas algo especial de tus encuentros con niños en los diferentes países que visitas? Hace poquito estuve en Colombia, ahí les contaba a los chicos de un colegio la historia de mi primer amor y les dije que a mí no me lanzó una flecha Cupido, sino un murciélago, porque todas mis historias de amor no habían sido muy buenas. Y un muchacho levantó la mano, y se quedaba ahhh, humm, no soltaba lo que quería decir. De repente me dijo que toda su vida era un murciélago. Me desarmó. Le tomé las manos y le dije: "No te preocupes, yo te entiendo. Pero todos tenemos adentro un interruptor que prende la luz, búscalo, no importa que los demás traten de apagarla, sólo tú puedes prenderla o apagarla. Y los murciélagos le tienen miedo a la luz, cuando tú la prendas, ellos se irán". La vida a veces me regala cosas absolutamente sobrecogedoras. ¿Cómo así dejaste el diseño gráfico y terminaste en literatura infantil? Yo trabajaba en publicidad, pero un día un amigo me encargó una historia sin palabras, sólo con ilustraciones, para un proyecto de una revista sobre literatura infantil. Al cabo de una semana, tuve que decirle que no lo lograba, que me hacían falta las palabras. Él se enfureció. Para colmo también se echó para atrás la persona que le iba a escribir un cuento. Yo me sentía como el perro, entonces le dije que, ya que él era ilustrador, que él hiciera la historia sin palabras y yo me encargaría del cuento. Ahí empezó todo. ¿Tu amigo confió en ti, aunque no hubieras escrito nada antes? No tanto. Le dije que viéramos qué me salía al día siguiente. Así que entre la angustia, el cargo de conciencia, el compromiso y el terror, hice mi primer cuento, que se publicó junto con la revista. Después de eso recibí una llamada de Unicef, pidiéndome una autorización para publicar ese cuento en una antología de la mejor literatura escrita en el mundo, buscaban un autor de cada país. ¿Te has dado cuenta de que tu mensaje va en un sentido diferente al de esa ola a favor del éxito o del ganador? Claro. Somos seres humanos que nos equivocamos, aveces nos enamoramos de la persona incorrecta o decimos palabras que duelen por el resto de la vida. Tenemos muchísimos defectos. Mis conceptos, las normas de mi vida son las que pongo en mis libros, no con la intención de enseñarle nada a nadie, sólo para poner un punto sobre la mesa y que los niños decidan vivir lo que ellos quieran.
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María Fernanda Heredia nació en Quito, Ecuador. Es una de las escritoras de literatura para niños más reconocidas de su país, donde ha ganado prácticamente todos los premios al género infantil. Algunas de sus obras más destacadas son: "¿Cómo debo hacer para olvidarte?" (1997), "Amigo se escribe con H" (2003), "Por si no te lo he dicho" (2004), "Cupido es un murciélago" (2007). Aquí compartimos una entrevista que concedió al Diario El Comercio de Lima - Perú. 

Comentarios
FOTO ESTUDIOS CORAZON
hola Maria Fernanda yo pienso que su libro "FOTO ESTUDIO CORAZON" es muy hermosa me encanto todo la portada el contexto todo esta hermoso bueno me despido, chao
Quedaron atrás los relatos dulces, blancos,inocent es y muy rosas ;los niños hacen suyo y más significativo lo que es más conocido a ellos y se parte de ahí para que ellos aprendan.
me parecen fabulosos tus libros y justo en la escuela debo hablar sobre ti en el libro leido y necesito que me digas como se llaman tus padres?
Cariñosamente
Martha
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