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¿Qué aprendemos de lo que vemos y escuchamos?: El docente como profesional reflexivo
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Autor: Irene Flores
Investigadora, FEPADE
(Fundación Empresarial para el Desarrollo Educativo)


No existe una forma única de ser o convertirse en “docente reflexivo”. La reflexión es una capacidad inacabada que debemos desarrollar y potenciar a lo largo de nuestra vida profesional. En esta oportunidad, presento algunos aportes prácticos y teóricos sobre qué es reflexionar, la relación entre conocimiento tácito y explícito en la reflexión sobre la práctica profesional, las condiciones personales y organizacionales que favorecen el proceso reflexivo, los apoyos disponibles en los centros escolares y, finalmente —y más importante aún—, una invitación a mejorar nuestro desempeño como profesionales reflexivos.


¿Qué es reflexionar?

En palabras sencillas, reflexionar es la capacidad de pensar sobre algo realizado o pasado, es considerar detenidamente una situación o acontecimiento. El acto de reflexionar se realiza con el objetivo de repetir los éxitos, eliminar los fracasos y, en definitiva, aprender sobre lo realizado.

La capacidad de reflexionar es un atributo humano; los niños y las niñas lo hacen naturalmente, si no, obsérvelos jugar: cuando pierden en el juego (sea futbol o juegos de video), niños y niñas “piensan” rápidamente qué hicieron y no les funcionó, observan qué hizo el otro y le funcionó, y modifican sus acciones para mejorar su juego y ganar. De igual forma, los ganadores —aunque quizás menos intencionados—, si quieren seguir ganando, repiten los movimientos y jugadas acertadas y exploran estrategias basándose en su conocimiento sobre el funcionamiento del juego.

Equivalente, aunque más complejo que el juego en los niños, el acto reflexivo está presente en todos los ámbitos profesionales y del quehacer humano. Para el profesional, la reflexión es un proceso intencional y sistemático de revisión del desempeño y, particularmente en el ámbito escolar, reflexionar significa pensar sobre la efectividad de la enseñanza y del aprendizaje, es decir, en el aula, la docente examina, considera y revisa a fondo (mentalmente y con diversos informes y anotaciones) cuáles de sus acciones le han conducido a cuáles resultados; sean satisfactorios o menos satisfactorios.

Del conocimiento tácito al conocimiento explícito

La reflexión profesional implica “convertir” el conocimiento tácito en un conocimiento explícito. El conocimiento explícito es lo que una ha aprendido a través de estudios: en el instituto pedagógico, en la universidad o en las capacitaciones docentes. La base del conocimiento explícito es la información escrita, toda ella fácilmente compartible a través de libros, folletos o apuntes. El conocimiento tácito son intuiciones, generalizaciones que tenemos en nuestra mente producto de la experiencia de vida y de trabajo, son aquellos conocimientos que “no sabemos que sabemos” (Rumizen 2002), pero que guían nuestras acciones.

Una forma de volver explícito el conocimiento tácito es a través de “conversar sobre la situación” o discutir las diferentes opciones que se han puesto en práctica para realizar lo que hacemos. Otra manera es “pensar en voz alta”, es decir, cuando damos explicaciones de los porqués de las acciones tal y como las estamos haciendo.

La reflexión en el ámbito profesional supone discutir y socializar el conocimiento tácito; Von Krogh, Ichijo and Nonaka (2000) presentan cinco formas en que se comparte el conocimiento tácito: la observación directa del desempeño de un profesional con dominio en su área; la explicación que hace el profesional posterior al desarrollo de su clase; la imitación de lo que hemos observado; la experimentación de nuevas acciones y la comparación de los resultados que obtenemos; y, finalmente, la ejecución de acciones conjuntas entre un “profesional experto” y un “profesional en formación”. Todas ellas son aplicables a cualquier ámbito profesional o artesanal.

Pero, ¿qué relación tiene el conocimiento explícito y el tácito con la docencia? Como cualquier otra profesión, el desempeño docente puede mejorarse reflexionando sobre el trabajo que realizamos y lo que logramos (o no) a través de este. La capacidad de reflexión sobre la práctica o, como lo conceptualiza Schön (1983), reflexiónen-la-acción4, supone la existencia de condiciones personales y organizacionales.




Última actualización el Viernes, 30 de Septiembre de 2011 20:19
 

Comentarios  

 
0 #1 JUAN CARLOS VARGAS 10-10-2011 18:00
ME PARECEN ESTUPENDOS ESTOS COMENTARIOS QUE HAY SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE ESTOS CONOCIMIENTOS Y SU INTERRELACION, LO QUE IMPLICA QUE TENGAMOS ESA CAPACIDAD DE REFLEXION QUE MUCHA FALTA NOS HACE PARA RESOLVER PROBLEMAS.

SALUDOS Y GRACIAS
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